viernes, 21 de septiembre de 2007

OFERTA DE HIEL

El amargor inunda

con ya demasiada frecuencia

toda la cabida,

todo el hueco,

agrietando la presa,

amenazando riada.

Emergen todos los posos

enfangando las orillas,

dominando lo turbio

todas mis corrientes.

Los relojes cojean,

tullidos de todo ciclo,

mutilados de tiempos perdidos

y el afónico teléfono,

sin cobertura de remedio,

es testigo convidado

de piedra de lastre.

Despertar,

blanco sanatorio

de asépticos pasillos

que nunca indican la salida.

Hay billetes,

hay andén,

pero posada…

solo tienes reserva en mausoleo.

 

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