MI RUTA.

Hacia la plaza.

Las lineas de carretera que pisé
no recuerdan ya mi ruta, para qué.
No soy más que otro viajero,
vagabundo y pendenciero,
mal aliento de cerveza y de mujer.

No habrá templo que me tenga en un altar,
al blasfemo se le suele condenar,
sólo cumplo penitencia
en celdas de mi conciencia,
ni yo mismo ya me quiero perdonar.

Cierto es que algunos versos regalé,
el talento, aunque escaso, malgasté,
como hice con el dinero,
con la hacienda y los aperos,
la semilla y los poros de mi piel.

En los antros más oscuros yo peleé,
navaja anheló mi carne alguna vez,
mas no quedan cicatrices,
intactas van mis narices,
tuve suerte, o quizá nací de pie.

Entre sábanas no me puedo quejar,
amé mucho y tuve que desamar.
De la miel a la amargura,
de la nube a la locura,
en buen puerto he tenido que atracar.

Y en esta orilla del río me senté,
ni los peces me saludan, no hay por qué,
ya no sé ni lo que espero,
cazo imágenes a dedo,
y las cuelgo de las ramas de un laurel.

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