PARÍS

Hombres negros de dioses en la boca
infestan el Sena de peces carnívoros
de odio de plomo.
La sangre libre riega los surcos
donde la libertad germinó.
Europa herida,
África agonizante,
y las mareas del pánico
se cruzan en las alambradas,
igualadas en lo atónito
por el terror en versículos.
Pájaros negros atusan sus alas
y la sombra se cierne
sobre los fuegos inminentes.
Nada cambia cuando la sangre es río,
y la sangre suele
reclamar hogueras
que no nos salvan de nosotros.

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