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AÑO NUEVO

Vuelve la rima
consonante
al bucle del que no salgo,
aliteración del amargor.
Y cambia el año,
acaba un almanaque
y el nuevo es usado,
de ocasión,
conocido
por sabido,
mas el salto
es posible
desde las torres
del hastío.
La melodía vieja
pesa demasiado
en la partitura amarilla.
Pena,
da pena
la penitencia
como rutina.
Hay que despeñarse,
pecando y muriendo,
obviar las aristas
y zambullirse
en aguas saladas,
heladas,
mortales
aunque vivas,
vivas de vida,
no de daños recurrentes.
Sufrir de un golpe,
no a tratamiento,
quirúrgica solución,
traumática,
amputadora
pero aséptica,
sanadora
del tumor
metastasiado
en las junturas
de los nervios.
No llega la luz
a la profundidad necia
de mi madriguera
de molusco abisal,
envidiando delfines,
añorando arrecifes,
y riesgo de gaviota.
Qué objeto tiene
cantarle a la niña
la misma nana
de ogros al acecho,
una noche sí,
la otra quizá,
creciendo
en los temores
al guión,
al libreto
de desafinados tenores,
condenados
a la opereta ambulante,
de carpa ajada,
y dos sesiones
con descuento.

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CEDIENDO PASO A LA PRIMAVERA.

Foto: José Ramón Viejo.
Acababa la Folixa  de este año de tiempo incierto  y te retiraste,  en sabio silencio  con sonrisa a medias.  Mieres lloró  tu ausencia por sus calles,  la charla afable  y la broma pícara.  Hay vacío en el Puerto de Pinos, huérfano de símbolo,  y en La Bodeguina quedan retrato y caricatura,  recuerdo amable  de quién amable fue,  de uniforme o de paisano,  siempre paisano,  de chigre y puerto,  de cabaña y calle.  Tu pueblo,  ahora también mío,  nota la falta  de la gente buena,  escasa aun en Folixa.  Te fuiste galante,  cediendo paso a la primavera.


MADRE

Desde un extremo
del cordón que nadie corta,
sintiéndome aun gajo
de la fruta generosa,
tengo palabras
que no pagan el débito
contigo,
planeta madre
que diseñó mis órbitas.
Oigo tu voz en la distancia
cantando copla entre cacharros
para espantar la pena
que nos nublaba.
Tu cetro era fregona malpagada,
tu trono mesa camilla a media noche,
tu voz la ley,
no siempre ejecutada.
Desde las canas que me urden,
distancia y tiempo no son nada
pues te siento en mi esqueleto.
A falta de flor te mando verso
que tiene aroma y no marchita.

DESEOS 2017.

Que lo que quede les sea amable,
que lo que venga sea con piel,
los sinsabores de miel
y los vientos favorables.

Que sólo duelan con gusto
mientras expriman placeres,
siempre gratos los quehaceres
y que triunfen los justos.

Que las mentiras sean piadosas,
que las verdades sean ciertas,
que se apaguen las alertas
y que se enciendan las rosas.

Todos los días aprendan,
que nunca olviden lo bello,
la curvatura de un cuello
y los besos que nos vengan.

Que sean felices a ratos,
y que sea con frecuencia,
que este año no haya ausencias
ni piedras en los zapatos.

Es mi deseo sincero
para las gentes sencillas
que no saben de rencillas
ni pleitean por dinero.