Y es que uno puede
rozar los planetas,
empaparse de auroras,
intercambiar órbitas
ingrávidas,
creyendo en lo posible,
lo ansiable,
mas despertar,
de repente,
caer al abismo,
volver a la sima,
a la espiral asumida
del agujero negro,
cotidiano,
caótico a la usanza,
y descreer
en conjunción de astros,
imposible ya
la asunción de la lógica,
la normal trayectoria,
el rumbo asumible
de una nave
de casco agrietado.
lunes, 20 de abril de 2009
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