No me habléis
que arden las amapolas
a mi paso en rabia.
No me llaméis,
no quiero consuelo,
dejadme en combustión
con la trementina
que exudo.
Quiebra mi pecho
como madera de nave
entre olas de salfumán.
Corred la voz,
poneos en cuarentena
que soy epidemia de ira.
domingo, 18 de abril de 2010
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