sábado, 12 de noviembre de 2011

DECLARACIÓN DE HOSTILIDADES

Pensar que fue
por sentir,
lo que nunca debiera
haber sentido,
que el sentimiento aquel
fermentó,
estercolándose,
tornándose ácido
y afilado desprecio.
No me quedan compasiones
ni conmiseración ínfima
por quién,
matándose,
asesina las sonrisas
que debieran ser norma
en el rostro dibujado
por mi sentir pasado.
Nada merece
el desdoblado sordo
a las voces que apelan
voluntad de erguirse.
Siga la espiral
hacia el abismo,
continúe la caída
mas que no arrastre
la carne forjada.
La hostilidad me asoma
y saco sable de defensa
porque no es justo
el terror
para quién crece.
Húndase en el lodazal
que se cultiva,
repita el estrambote
a cada paso,
muera si es menester
pero no hiera.
No hiera mis extremos
porque la sangre
que borbotea en mis adentros
se torna acero con el frío.
O intenta resucitarse
con el ápice de vergüenza
que pudiera restar en su nevera
o asaltaré los muros
y expropiaré la luz depositada
en la triste mesilla
de cualquier cuarto
que recoja su osamenta.
Ya no valen las amnesias
de siguiente mañana,
desmemoria selectiva,
porque las cosas pasan
dejando huellas
en las pieles
que se dicen amadas.


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