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DECLARACIÓN DE HOSTILIDADES

Pensar que fue
por sentir,
lo que nunca debiera
haber sentido,
que el sentimiento aquel
fermentó,
estercolándose,
tornándose ácido
y afilado desprecio.
No me quedan compasiones
ni conmiseración ínfima
por quién,
matándose,
asesina las sonrisas
que debieran ser norma
en el rostro dibujado
por mi sentir pasado.
Nada merece
el desdoblado sordo
a las voces que apelan
voluntad de erguirse.
Siga la espiral
hacia el abismo,
continúe la caída
mas que no arrastre
la carne forjada.
La hostilidad me asoma
y saco sable de defensa
porque no es justo
el terror
para quién crece.
Húndase en el lodazal
que se cultiva,
repita el estrambote
a cada paso,
muera si es menester
pero no hiera.
No hiera mis extremos
porque la sangre
que borbotea en mis adentros
se torna acero con el frío.
O intenta resucitarse
con el ápice de vergüenza
que pudiera restar en su nevera
o asaltaré los muros
y expropiaré la luz depositada
en la triste mesilla
de cualquier cuarto
que recoja su osamenta.
Ya no valen las amnesias
de siguiente mañana,
desmemoria selectiva,
porque las cosas pasan
dejando huellas
en las pieles
que se dicen amadas.


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CEDIENDO PASO A LA PRIMAVERA.

Foto: José Ramón Viejo.
Acababa la Folixa  de este año de tiempo incierto  y te retiraste,  en sabio silencio  con sonrisa a medias.  Mieres lloró  tu ausencia por sus calles,  la charla afable  y la broma pícara.  Hay vacío en el Puerto de Pinos, huérfano de símbolo,  y en La Bodeguina quedan retrato y caricatura,  recuerdo amable  de quién amable fue,  de uniforme o de paisano,  siempre paisano,  de chigre y puerto,  de cabaña y calle.  Tu pueblo,  ahora también mío,  nota la falta  de la gente buena,  escasa aun en Folixa.  Te fuiste galante,  cediendo paso a la primavera.


MADRE

Desde un extremo
del cordón que nadie corta,
sintiéndome aun gajo
de la fruta generosa,
tengo palabras
que no pagan el débito
contigo,
planeta madre
que diseñó mis órbitas.
Oigo tu voz en la distancia
cantando copla entre cacharros
para espantar la pena
que nos nublaba.
Tu cetro era fregona malpagada,
tu trono mesa camilla a media noche,
tu voz la ley,
no siempre ejecutada.
Desde las canas que me urden,
distancia y tiempo no son nada
pues te siento en mi esqueleto.
A falta de flor te mando verso
que tiene aroma y no marchita.

DESEOS 2017.

Que lo que quede les sea amable,
que lo que venga sea con piel,
los sinsabores de miel
y los vientos favorables.

Que sólo duelan con gusto
mientras expriman placeres,
siempre gratos los quehaceres
y que triunfen los justos.

Que las mentiras sean piadosas,
que las verdades sean ciertas,
que se apaguen las alertas
y que se enciendan las rosas.

Todos los días aprendan,
que nunca olviden lo bello,
la curvatura de un cuello
y los besos que nos vengan.

Que sean felices a ratos,
y que sea con frecuencia,
que este año no haya ausencias
ni piedras en los zapatos.

Es mi deseo sincero
para las gentes sencillas
que no saben de rencillas
ni pleitean por dinero.