LO QUE ME QUEDA

De las alas me quedan
las plumas más lastradas
por el polvo robado
en vuelos bajos
por lo llovido.
Del aura sólo un ascua,
un tenue brillo
de corriente estática
de recarga en autopistas.
Me queda de la espada
un filo romo,
vano y contundente
que sin cortar quiebra
y una empuñadura
de cuero ajado,
viejo y duro
pero mullido al agarre.
De ángel me queda
cierto afán desencantado.

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