Obviarme.

Hoy no sé si visitarme,
quizá no deba.
Mejor me abstengo
de tenerme en cuenta
y sigo la acera
sorteando las juntas
de las losas impagadas.
Quizá no esté
para recibirme,
quizá incomode,
que a veces uno
es molestia autoimpartida.
Obviarme de mí,
de mi osamenta
y los fantasmas fugitivos
que la ocupan.


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