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Las siete

Deben ser las siete,
al menos.
Creo recordar
el gemido leve
de la alarma del móvil
ahogándose bajo la almohada.
Debo activarme,
liberarme de esta seda
de tejedora araña
que horizontal me retiene.
Responsabilidades
que atender para nada,
para nada sirve
lo cotidiano,
o quizá sí,
pero a veces me enajeno
y ajeno soy
a lo que de mí se espera.
Qué viernes,
creo,
me esperará esta mañana
que veo desde la altura,
levitación desganada 
desde un nimbo espeso,
y los rostros jerarquizados
murmuran ajenos a mi presencia.
Deben ser las nueve
y tarde llego,
turbado salto
hacia el café
y la ropa aun tibia
de envolverme.
Otro día,
otra excusa,
o quizá aquí siga,
en engañosa duermevela,
víctima del espejismo fronterizo
entre el sueño
y la vigilia.
Debe ser tarde,
la luz me acusa.

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CEDIENDO PASO A LA PRIMAVERA.

Foto: José Ramón Viejo.
Acababa la Folixa  de este año de tiempo incierto  y te retiraste,  en sabio silencio  con sonrisa a medias.  Mieres lloró  tu ausencia por sus calles,  la charla afable  y la broma pícara.  Hay vacío en el Puerto de Pinos, huérfano de símbolo,  y en La Bodeguina quedan retrato y caricatura,  recuerdo amable  de quién amable fue,  de uniforme o de paisano,  siempre paisano,  de chigre y puerto,  de cabaña y calle.  Tu pueblo,  ahora también mío,  nota la falta  de la gente buena,  escasa aun en Folixa.  Te fuiste galante,  cediendo paso a la primavera.


MADRE

Desde un extremo
del cordón que nadie corta,
sintiéndome aun gajo
de la fruta generosa,
tengo palabras
que no pagan el débito
contigo,
planeta madre
que diseñó mis órbitas.
Oigo tu voz en la distancia
cantando copla entre cacharros
para espantar la pena
que nos nublaba.
Tu cetro era fregona malpagada,
tu trono mesa camilla a media noche,
tu voz la ley,
no siempre ejecutada.
Desde las canas que me urden,
distancia y tiempo no son nada
pues te siento en mi esqueleto.
A falta de flor te mando verso
que tiene aroma y no marchita.

DESEOS 2017.

Que lo que quede les sea amable,
que lo que venga sea con piel,
los sinsabores de miel
y los vientos favorables.

Que sólo duelan con gusto
mientras expriman placeres,
siempre gratos los quehaceres
y que triunfen los justos.

Que las mentiras sean piadosas,
que las verdades sean ciertas,
que se apaguen las alertas
y que se enciendan las rosas.

Todos los días aprendan,
que nunca olviden lo bello,
la curvatura de un cuello
y los besos que nos vengan.

Que sean felices a ratos,
y que sea con frecuencia,
que este año no haya ausencias
ni piedras en los zapatos.

Es mi deseo sincero
para las gentes sencillas
que no saben de rencillas
ni pleitean por dinero.