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Mostrando entradas de abril, 2014

Puedo escribir lo que no leas,
igual que hablo en tu vacío,
yo que te hice en parte
para perderte,
pues entrego espada
y capitulo.
Igual hay día
en que recuerdes,
o que reclames presencia,
si vivo, estoy
o si estoy vivo.
Y aunque no sepas,
no quieras saber
o así te forjen,
yo sabré,
seré a tu lado.

Tanta mierda

No me deja la aurora
hablar del día.
Molesta lo inmediato,
por imprevisto
en la decepción al minuto.
Para qué el avance, 
si en joder está
latente el gatillazo.
Sesteo sin afán
por no decantar lo amargo.
Cobarde.
Sí.
Quizá cansado,
cautivo,
desarmado
al devenir.
Tanta mierda
y toda falsa.

LO VUESTRO

Podría preguntarte el precio
del dobladillo del alma,
sé que me dirás que es barato
plegar razones,
por treinta monedas
tendré buen terno
que adecente mi estampa
a redento pecador.
Puedo preguntar por la esencia
de lo humano de a diario
y me llevarás excursionado
a santuarios dominicales
que me ilustren de nada.
No alivia de luto
tu vida eterna,
ahora tornada multiverso
como guión adaptado.
Bien sé que mientes
aunque te creas creado,
miedoso simio que mendiga
prodigarse en ese tiempo que no es.
Déjame condenado
a esas penas que te intimidan,
así, descreído de lo vuestro,
dudoso de lo real. 

Palabra de arista.

Aflora en lo diario,
como llovizna de abril,
la palabra de arista
disfrazada de inocencia.
No intencionada puede
desvelarse la saña,
el mal querer
mal solapado. 
Interés insano
por saber para mal.
Y el síntoma
es diagnóstico
de anómala catadura.
Tumor de resabios
instalados en la nuca.
Crece la araña
en las sedas de la mente
y muerde los afectos
infectando vileza,
distancia de repulsa,
amargor de inercia.
Acotando las valijas
de un viaje concertado,
probable naufragio,
vuelo cancelado.

Palos de ciego

Palos de ciego
son mejor
que regalar mejillas
a la bofetada injusta.
Morir matando
es la opción
a otorgar el cuello
en el patíbulo. 
Vencido en las batallas
antes que cautivo
del azar y el tiempo.
Algo habrá que hacer,
aún despeñado,
pues la inacción
es asma terca,
ojeador ahorcado.
No se deshila la madeja
por gravedad
o anhelo,
corte reclama
a riesgo de amputarse.

Saeta

Por ahí pasa la sangre
ensalzando el sacrificio,
sumiso pueblo costalero,
sobre la espalda los oros,
el rito primitivo
para asumir miseria.
Y tu pecado es la pobreza,
la ignorancia sometida
por las mantillas y los ternos
con bastón de azote de plata.
Levanta el miedo
a fuerza bruta,
con la testuz doblada,
que tu humildad esclava
la tapan los terciopelos.
El incienso oculta
tu sudor añejo,
y desde un balcón lloras
tus arcanas penas
sobre un cordero mártir
que glorias te promete.
Cuenta tus faltas
e implora perdones
a quien te enajena.
Obleas falsas
tendrás en recompensa.

Verbo y carne

Cómo se funde la coraza,
tornando el acero en aguas
de lágrimas sitiadas,
cuando el pánico te aborda
portando posibilidades negras
que nublan lo más tuyo,
lo forjado no hace mucho,
tu leve reflejo,
tantas veces acunado
bajo desafinada nana.
Y el dolor probable
se te entrega duplicado,
no bastando las atmósferas
para aliviar tu ahogo.
Ansia seca,
pena pura,
a granel cada mañana,
cada noche.
Y te desnudas de la idea,
de los contextos
y los textos,
pues nada vale,
nada ayuda,
cuando la pregunta,
acorralada entre interrogantes,
porta parte de tu nombre,
es tu verbo,
verbo y carne.

Tras la rabia...

He visto las dunas
por sábanas fieras,
navegué las pieles,
bebí las fronteras
y el néctar de la redención,
mas tu sabes que yo
colgaré mis zapatos
en hilos de lluvia,
soliviantaré charcos
que duermen a oscuras
y quizá, a lo mejor,
tras la pena, la flor.
Haré casa en tu valle
sembrando ventanas,
cortinas de niebla
huídas de mañana,
mi locura en porción,
tras la rabia el amor.