De la amargura amarga.

Por qué de la amargura amarga,
del rostro siempre desolado,
cuando en la vida breve,
las luces leves,
son luces,
al fin y al cabo.
Por qué de la tristeza en rama,
atesorada en hartazgo,
cuando la risa es arma
y a los mezquinos desarma,
y alivia
del mal hallazgo.
Lava tu rostro enjuto
de los óleos del abismo
y vive a borbotones,
que el tiempo se pierde en un sorbo
de manantiales inciertos,
y es mejor el desacierto
que enterrarse sin asombro,
atados bien los cordones.

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