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Demasiada sangre es una gota.

Entregó la vida
al sueño fallido
del amor amado.
Creyó en los ramos
de flores de febrero
y en lunas melosas
que se tornan fuego
de licántropo doméstico.
Pero el rol sumiso
no es asumible
y buscó llaves de papel
para abrir mazmorra.
Mas los amos primitivos
pierden mal las propiedades
y el cuchillo del pan nuestro
acaba hablando en un mal día.
Demasiada sangre de mujer
es una sola gota.
Ahora es ríada
la que inunda de vergüenza
las calles silenciosas.
No puede haber cabida
para sábanas de terror
en este tendedero.
No hay aire que orée
la conciencia del hombre
que no llega a serlo.

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CEDIENDO PASO A LA PRIMAVERA.

Foto: José Ramón Viejo.
Acababa la Folixa  de este año de tiempo incierto  y te retiraste,  en sabio silencio  con sonrisa a medias.  Mieres lloró  tu ausencia por sus calles,  la charla afable  y la broma pícara.  Hay vacío en el Puerto de Pinos, huérfano de símbolo,  y en La Bodeguina quedan retrato y caricatura,  recuerdo amable  de quién amable fue,  de uniforme o de paisano,  siempre paisano,  de chigre y puerto,  de cabaña y calle.  Tu pueblo,  ahora también mío,  nota la falta  de la gente buena,  escasa aun en Folixa.  Te fuiste galante,  cediendo paso a la primavera.


DESEOS 2017.

Que lo que quede les sea amable,
que lo que venga sea con piel,
los sinsabores de miel
y los vientos favorables.

Que sólo duelan con gusto
mientras expriman placeres,
siempre gratos los quehaceres
y que triunfen los justos.

Que las mentiras sean piadosas,
que las verdades sean ciertas,
que se apaguen las alertas
y que se enciendan las rosas.

Todos los días aprendan,
que nunca olviden lo bello,
la curvatura de un cuello
y los besos que nos vengan.

Que sean felices a ratos,
y que sea con frecuencia,
que este año no haya ausencias
ni piedras en los zapatos.

Es mi deseo sincero
para las gentes sencillas
que no saben de rencillas
ni pleitean por dinero.

816

Celda ochocientos dieciséis,
galería de los degollados,
mal caídos y trepanados,
gente decente, de buena ley.

Unos con habla confundida,
otros fundidos y sin habla,
los silencios nos delatan,
lo perdido nos da vida.

Desde la altura divisamos
ciudad antigua y moderna,
gente sana, gente enferma,
figuras  que apaisajamos.

Nos visita gente noble
con la que.no me hablo ahora,
es que no hablo, señora,
y se incomoda, la pobre.

En la ochocientos dieciséis,
galería de los degollados,
escalafón voy avanzando,
y pronto libre me veréis.

Y todo gracias al que estudia,
al que crea conocimiento,
ciencia y razonamiento,
sin oraciones ni curias.