DIÁLOGOS CON EL ALIEN.

Sabiéndote ahí, tú que me matas,
tan mío como ajeno, puñetero,
que adivino la forma de tus patas
escarbando laboriosas en mi cuello,
que te da cobijo  y te alimenta
con jugo puro de la pura vida,
que vivida está mas no perdida,
en tanto en unos días darás cuenta
llevándote en botín la mi palabra.

Mas morirás, tú que en mí te ensañas,
y yo seré aquél que huerto labra
abonándolo con restos de tu entraña
para recoger fruto de aire nuevo,
pues yo seguiré aquí de guardia,
que pronto es para el relevo,
despojado ya de ésta, tu infamia.

Yo te encarné, yo te destruyo,
a la ciencia yo encomiendo la tarea,
esta barca encarará nuevas mareas,
su horizonte no coincide con el tuyo.









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