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ME LLAMAN TRISTE

A mí me dicen el triste
por los versos que yo vierto,
mas con la tristeza acierto
viendo yo lo que tú viste,
que vivir para estar muerto
no es razón para alegrías,
con esa filosofía
mejor ciego que estar tuerto.
Pero tengo verso alegre,
que nadie vivo lo dude,
que he vivido lo que pude
sin credos y sin pesebre.
Y puedo cantar las luces
que me da mi luz del Alba,
me da risa y me da calma
y es mi templo sin más cruces.
Y puedo cantar las flores,
las que corto sin rubor
en jardines del amor
y frutos de desamores
que degusté a boca abierta
amargando el paladar,
pero lo amargo endulzar
es labor del que no acierta.
Pero vivo en cada instante
minutos de gloria vana
con redobles de campana
cuando la tengo delante,
a esa mujer que me lava
con sus labios mis sudores,
mis carencias, mis temores
a esta vida que nos cava
una fosa inevitable.
Mas con ella es habitable
este mundo que se acaba.
Y canto a la luz del día,
pues engendré la Alborada,
y a la tarde en temporada
de pieles que escalofrían
a mi roce de agua viva,
a mi amar a  bocajarro,
con más seda que desgarro,
que esa es mi iniciativa.
Que triste a mi no me llamen,
que si río es con razones,
mas no río a borbotones
ni a bandos municipales.
Y quién tenga en la comedia
su afán de fin de vida,
que las entradas las pida
que no es gratis tanta feria.

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CEDIENDO PASO A LA PRIMAVERA.

Foto: José Ramón Viejo.
Acababa la Folixa  de este año de tiempo incierto  y te retiraste,  en sabio silencio  con sonrisa a medias.  Mieres lloró  tu ausencia por sus calles,  la charla afable  y la broma pícara.  Hay vacío en el Puerto de Pinos, huérfano de símbolo,  y en La Bodeguina quedan retrato y caricatura,  recuerdo amable  de quién amable fue,  de uniforme o de paisano,  siempre paisano,  de chigre y puerto,  de cabaña y calle.  Tu pueblo,  ahora también mío,  nota la falta  de la gente buena,  escasa aun en Folixa.  Te fuiste galante,  cediendo paso a la primavera.


MADRE

Desde un extremo
del cordón que nadie corta,
sintiéndome aun gajo
de la fruta generosa,
tengo palabras
que no pagan el débito
contigo,
planeta madre
que diseñó mis órbitas.
Oigo tu voz en la distancia
cantando copla entre cacharros
para espantar la pena
que nos nublaba.
Tu cetro era fregona malpagada,
tu trono mesa camilla a media noche,
tu voz la ley,
no siempre ejecutada.
Desde las canas que me urden,
distancia y tiempo no son nada
pues te siento en mi esqueleto.
A falta de flor te mando verso
que tiene aroma y no marchita.

DESEOS 2017.

Que lo que quede les sea amable,
que lo que venga sea con piel,
los sinsabores de miel
y los vientos favorables.

Que sólo duelan con gusto
mientras expriman placeres,
siempre gratos los quehaceres
y que triunfen los justos.

Que las mentiras sean piadosas,
que las verdades sean ciertas,
que se apaguen las alertas
y que se enciendan las rosas.

Todos los días aprendan,
que nunca olviden lo bello,
la curvatura de un cuello
y los besos que nos vengan.

Que sean felices a ratos,
y que sea con frecuencia,
que este año no haya ausencias
ni piedras en los zapatos.

Es mi deseo sincero
para las gentes sencillas
que no saben de rencillas
ni pleitean por dinero.