domingo, 27 de mayo de 2007

IBERIA

Tapiz gastado,
urdimbre recia
de ajados bordados,
tirantez de costuras
de blasones
y estandartes de sangre.
Entramados de pueblo,
hilados en rueca vieja
apatronados a cuchillo
para envolver fusiles
o improvisar mortaja.
Colores inciertos,
degradados e irisados,
sin conocerse,
unidos y contrapuestos.
Filigrana fratricida
de acechante Caín
empuñando quijadas.
Quijadas de Quijano,
desafiando al cielo,
estoqueando maléficos odres
mientras atónitos escuderos
lloran el desperdicio,
demente sacrilegio
del rojo néctar derramado.
Cuero viejo
de toro herido.
Lomo de mil tomos
abarrotando estantes.
Península inquieta,
tozuda cabeza que empuja,
remolcando,
un lastrado Continente.

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