Habrá un día, mujer.

Habrá un día en que la luz te moje,  
lavándote las culpas que nos tatuaron 
y del miedo serás libre. 

Sin camisa de espinas, 
desnuda de los hábitos 
y las máculas de la patraña. 
Abierta al viento de lo conocido, 
ave blanca serás, 
sobrevolando girasoles de papel escrito. 

Conocerás la piel, 
la que ya nunca será dueña, 
piel amiga, 
amada quizá, 
sin tratado de adhesión. 

Nadie te dirá que frutal naciste, 
pues tú gobiernas el árbol y el sendero. 




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