viernes, 15 de julio de 2016

NIZA.

En una ciudad festiva,
de fuego aéreo y colorido,
el asfalto bebió sangre
de lo atónito.

El odio viaja solo,
o en compañía de otros,
y siembra niños muertos
que no entendían de profetas.

Las ciudades luminosas
tiemblan en negro,
a cada poco,
cuando la locura golpea
en nombre de lo falso.

Hay juguetes velando cuerpos,
cuerpos rotos que preguntan,
en Niza hoy,
mañana en Siria,
en Bagdad no saben
de las mil noches,
sin la una en estallido.

Malditos sean
todos los dioses,
temerosos de lo libre,
que arrodillados nos pretenden. 

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