Al gusto.

De nada vale el paraguas más irreductible
cuando el aguacero va dentro,
que son nubes de plomo
las que se apilan en los tuétanos,
que lo que llueve se adhiere
a la central de alarmas
y adormece los fusibles.
No hay razón para la cordura,
que más vale el vuelo
a lomos de una oca psicótica
que cabalgar montes de espino,
sísmicos y predecibles.
No busquéis dobleces en las palabras
cuando el hablar es todo ovillo,
tomad mi verso crudo
y cocinadlo al gusto,
o al regusto,
que la nostalgia es ángel
siempre caído.
Podría seguir mareas de equilibrio
o anclar aquí,
en puerto dado al maremoto.
Qué más dará,
si el final es lo que es,
final sin seguido,
sin siquiera aparte,
y bien puedes ahorrarte
dejar legado.


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