Pánico.

Tanto llevar la frente marchita
por madrileñas parroquias
de la Magdalena virtuosa,
tanto arrastrar esqueleto
por pasillos de un tren
de madrugada,
con parada en ciudades
de peces perdidos,
a lomos de yeguas sombrías
con raído traje gris,
bombín de bufón amargo,
parche en el ojo
de viejo truhán,
como no iba el miedo
a tocarte la osamenta
en una noche de rosas con espinas.
Te robaron el mes de abril
o lo empeñaste,
canalla del verso
tan joven,
tan viejo.
Como no perdonarte,
si nos llevaste en volandas
por el callejón de los sueños rotos.
Si somos juez y parte,
todos, de tus mudanzas.

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