martes, 30 de diciembre de 2014

Será la Luna.

Será esta luna envejecida,
frígida y ajena al aullido,
la que siembra los hielos
que nos abducen,
haciéndonos partícipes
de su indolencia.
Será este sol tibio,
de flácidos rayos,
el que no nos alivia
de la escarcha crónica
que los ánimos atenaza.
Habrá que armarse de ansias
para cazar deseos furtivos
y repoblar las mieles
de los muslos trepidados,
escalar las cumbres
de los lechos calmos
y atormentarlos con tornado
de embestida urgente.
Habrá que consumar
con sumo agrado,
y morir en vientre
y renacer dormido,
cargar la carne
con munición de plasma
para afrontar batallas
que nos rediman. 

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