Lotería.

Ilusos como infantes,
sumidos en la vorágine
de colegiales cantando
los azares que nos rediman.
Fecha de improbable cambio,
átomos de madera grabada,
numeradas partículas
tratando órbitas caóticas,
en continua colisión,
alrededor de las miserias.
Cabalístico y supersticioso,
el día de los metálicos universos que, en paralelo,
combinarán fortuna
con el anhelo.
Tras el estallido,
imágenes icónicas
de agraciados simios,
celebrando capitales
que les alivie las usuras.
No seré yo.
Bien podría.

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