Blancanieves

Érase una vez
un espejo lacayo
que, de sinceridad,
sufrió ataque
y desató las iras
más parricidas,
de envidias
y codicia suprema.
Y la belleza pura
halló refugio
en lo grotesco y marginal,
donde lo hermoso
encuentra acomodo
sobre jergones diminutos.
Mas el odio es necio
y la inocencia luminosa,
demasiado visible
aun en la espesura.
Y la manzana mítica,
madre de los pecados,
apagó el albor
en sobredosis.
Hubo que esperar héroe,
terapia de pasiones,
para conjurar la muerte
y su injusticia.
O quizá no,
quizá así no fuera,
pero nos mienten tanto.

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