Bandas sonoras.

Hay noches de conejos ahorcados,
de sangre tibia entre las lunas,
niños cantando salmos
de urinarios benditos
por oscuros encapuchados.
Hay noches de risas cocainómanas
bajo el balcón flotante.
Noches de voces rasgadas
por aluviones de mieles pútridas.
Frente a la pantalla insomne
de un televisor jubilado,
de fondo se oyen arias
de veranos rotos
por un vivir sin objeto.
Carcajadas quebradas
de alcohólicas sin anonimato
bajo mi tendedero cansado,
anhelando maltratos
de bestias perfumadas
de sudor haragán.
A veces pienso
si hay remedio para la especie,
película clásica
y fondo de vertedero.

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