Muelle de colchón.


No anda uno en edad
de hallarse desubicado,
mas los azares,
los avatares,
la coyuntura absurda
de lo social,
lo convenido,
hacen que el acomodo
tenga muelle de colchón
como lanza de Longinos y,
cuando yá es tarde,
la llaga ha vertido
lo irrecuperable.
"Que sí",
te asienten a quemarropa
con retrogusto a estafa,
y la taza de hiel
se vuelve menú irrenunciable.
Mientras tanto no eres nada
y lo tuyo vuela,
alejándose de las vallas
que se tejieron.
Y el problema eres tú,
por serlo,
por ser el poco tú
que encuentra espacio.
Que tránsito absurdo
a ninguna parte.
Y cierto día morirás,
desnudo y perdido,
como animal de pasillo,
sin saber por qué todo
y por qué nada.

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