miércoles, 15 de julio de 2015

DE GUARDIA.

Desolación.

El ángel herido, 
de guardia inútil sobre sepultura, 
espera el relevo improbable, 
resignado y poroso, 
calizo y pétreo, 
firme en la erosión 
de tiempo congelado. 
Ignorado por los muertos, 
pues la muerte es ignorancia, 
siente nostalgia de cincel, 
que bien podría haberlo esculpido querubín 
de pórtico peregrino 
en lugar de guardián de lápida. 
Desagradecidos son los muertos 
al velatorio, 
al ramo marchito, 
a la candelaria, 
y el ángel morir quisiera, 
liberado de la piedra 
y de las sombras alargadas 
de los cipreses altivos. 


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