lunes, 9 de noviembre de 2009

RELOJ DE ARENA

Cómo crecen

las arenas

en el reloj del pecho.

Y cuanto más llueve

tras los lamidos cristales,

más polvo seco

comienzo a aspirar.

En las noches,

a veces,

entro por la gatera

para no despertar

 a los fantasmas necios

de mi cuarto.

En las mañanas,

preso de sábanas

y dunas,  

peleo para la huída,

y me enveneno

de café y tabaco,

para vivir el día

un poco más muerto.

 

 

 

 

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