viernes, 27 de noviembre de 2009

TRISTE


Por qué vendrá

el gris en nube

a asediar el hueco

de mi casa sorda.

Por qué me ahorco

con soga de interrogante

mirando losas

de pavimento de papel.

Enfoco, ciego,

palabras ajadas

que martillean ufanas

la pared torcida

de la sien que late.

Qué hacer,

aún me digo,

con este billete de ida

a no se sabe cuándo.

Y bien es cierto

que no procede

el enroque

en el yo mismo.

Que es dañino

el monólogo lánguido,

el que no lleva

más que a los arcenes.

Que siempre hay labios

con vocación de beso

y alma de sonrisa

en todos los aledaños.

Pero es obstinado

el necio nubarrón

que tiñe las camisas

yá impacientes

por la plancha.

Ay, triste,

columbario estúpido

de ceniza vieja.

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