FIN DE CONTRATO.

Hora llegó de la entrega
de la espada y de las armaduras,
el azul que tiñó mi andadura
y la placa madura
que brillaba en estrella,
son ya historia
que no retornará.
Pena y gloria,
atestado final.

Allá quedan los jirones
de mi piel por algún asfalto,
el crujir de una puerta al asalto,
un suicida, algún parto,
la rabia en funeral.
La verdad, tampoco estuvo mal,
hasta ahora lo pude contar.

Y pude ser policía,
creo que lo hice bien a mi forma,
primero la gente que la norma,
evitar la deshonra
de un azul de servir.
Mis errores también cometí,
los pagué con el todo que dí.










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