CANCIÓN BURLADA.

Dicen que el viento asesina
las palabras de cristal,
su pureza contamina
con lo que arrastra de sal
de las entrañas marinas.
de las espumas de azar
y la conciencia
sufre violencia
de la cruda verdad.

Yo me bañé en emociones,
me despojé del pudor,
el que exigen las razones
para ocultar el sudor
que se sangra en las canciones
cuando se pierde la voz.
Pero se suda
y el sol no ayuda
y quedará el hedor.

Si se sublima lo humano
camuflando al animal,
con un pincel artesano
y tintes de mineral,
la garra se vuelve mano
pero insiste en arañar.
Manda la fiera
en la quimera
y no se puede impostar.

Quise dejar evidencia
de mi estancia en el lugar
del delito de existencia,
una huella del pulgar.
Debo pagar penitencia
por mi torpeza vulgar,
soberbia impertinencia
que ahora me hace purgar.
Cumplo condena,
no tengáis pena,
es lo que trae el hurgar.


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