sábado, 11 de febrero de 2017

DIARIO DE A BORDE IV.

Lavé mi rostro con incertidumbre
aclarada con aguas de papel,
luego endulcé el café
con gotas de costumbre.

Un sábado en vitrina de cristal,
salido de una sala reformada,
las horas aplazadas
en nueva terminal.

Cancelo vuelos a todo lo posible,
que divagar no ayuda a razonar,
y prefiero transitar
descalzo y sin fusibles.

Supongo que en la calle pasa gente,
gente de a diario en la corriente
de un río de acera,
soñando con praderas,
gente que siempre niega cuando asiente.

Aquí me tienen, soy lo conocido,
ahora ya pesa más lo recorrido,
y erupto versos
en el diario perverso
del adicto a todo fruto prohibido.





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