DIARIO DE A BORDE II.

Supe que llegaría aquella carta,
este juglar sí tiene quien le escriba,
confieso que hubo nudo en la garganta,
más no será San Pedro quién bendiga.

Lavo mi cara en calle y aire nuevo,
añado rostros a la biografía,
al hombro ya  la cámara me cuelgo,
la entraña me pidió fotografía.

Cazo momentos en datos binarios,
irrepetibles en este espacio-tiempo,
será el botín de este torpe corsario
que escora hacia estribor a barlovento.

Serán molinos o serán gigantes,
los que se cruzan en toda andadura.
Qué más dará si al fin es sólo carne
aquello que protege la armadura.

Caballero, rufián, mal escudero,
impostor de la rima y de la prosa,
sin paraguas en todo el aguacero,
la espina más traidora de la rosa.

Me perdonen la idiotez,
desvelado otra vez
de madrugada.

Habrá que hacerse un café,
y dejar ya de joder
tan de mañana.



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