DESIDIARIO

Hay ceniceros empachados
que me miran de reojo
reprobándome el vertedero.
Yo los ignoro,
y cruel
me recreo
añadiendo población
mal apagada.
Y es la tos amiga
la fiel testigo
del suicidio adicto,
humo compulsivo.
Los platos sucios
me señalan inquisidores,
enfermos de abandono
y cantan en trío
las bolsas de basura,
clamando por el traslado.
No soy Diógenes y,
a veces,
hago lo correcto,
a medias,
no te creas,
que es que no salgo
de esta abulia
que me quita piel
a cambio de teclado.
Mientras,
el escenario,
se colapsa en estruendo
en mi indolencia,
rebotando capiteles
de columnas de templo
y el polvo de escombro
tupe la pantalla hasta el punto
en que casi no leo
las necedades que invento.
 

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