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YA ESTÁ BIEN

El ahogo
incrustado
entre costillas,
empujando desde dentro,
forzando el estallido.
Temblores infantiles
de aprendidos miedos
asumidos como norma,
la lógica del esperpento.
Ya está bien
que bien no está
lo que ya está
de más.
Y no se ven
luces cerca,
que todo es
fuego fatuo,
falso color
relamido,
espectral ruido
predecible.
Ya está bien
de lo que bien no está,
basta ya
de devastarse,
de arrasar cuanto se topa,
de topetar,
que el tope está
más que rebosado,
inundando pupilas
de agotada mirada
de niña perdida
entre zarzales
ajenos.
Que no nació
para la espina,
que nació
para el pétalo
y el néctar.
Ácido el aire,
insalubre
de aliento emponzoñado
a ventana cerrada.
Fuera,
al aire tendida
espera soles,
una sábana empapada
en mercurio.
Ya está bien
de lo que bien no está.

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CEDIENDO PASO A LA PRIMAVERA.

Foto: José Ramón Viejo.
Acababa la Folixa  de este año de tiempo incierto  y te retiraste,  en sabio silencio  con sonrisa a medias.  Mieres lloró  tu ausencia por sus calles,  la charla afable  y la broma pícara.  Hay vacío en el Puerto de Pinos, huérfano de símbolo,  y en La Bodeguina quedan retrato y caricatura,  recuerdo amable  de quién amable fue,  de uniforme o de paisano,  siempre paisano,  de chigre y puerto,  de cabaña y calle.  Tu pueblo,  ahora también mío,  nota la falta  de la gente buena,  escasa aun en Folixa.  Te fuiste galante,  cediendo paso a la primavera.


MADRE

Desde un extremo
del cordón que nadie corta,
sintiéndome aun gajo
de la fruta generosa,
tengo palabras
que no pagan el débito
contigo,
planeta madre
que diseñó mis órbitas.
Oigo tu voz en la distancia
cantando copla entre cacharros
para espantar la pena
que nos nublaba.
Tu cetro era fregona malpagada,
tu trono mesa camilla a media noche,
tu voz la ley,
no siempre ejecutada.
Desde las canas que me urden,
distancia y tiempo no son nada
pues te siento en mi esqueleto.
A falta de flor te mando verso
que tiene aroma y no marchita.

DESEOS 2017.

Que lo que quede les sea amable,
que lo que venga sea con piel,
los sinsabores de miel
y los vientos favorables.

Que sólo duelan con gusto
mientras expriman placeres,
siempre gratos los quehaceres
y que triunfen los justos.

Que las mentiras sean piadosas,
que las verdades sean ciertas,
que se apaguen las alertas
y que se enciendan las rosas.

Todos los días aprendan,
que nunca olviden lo bello,
la curvatura de un cuello
y los besos que nos vengan.

Que sean felices a ratos,
y que sea con frecuencia,
que este año no haya ausencias
ni piedras en los zapatos.

Es mi deseo sincero
para las gentes sencillas
que no saben de rencillas
ni pleitean por dinero.