domingo, 3 de mayo de 2009

MADRE


Tu vientre,
firmamento original
donde conjugar verbo
y carne,
constelándose planetas
empapados de tus aguas,
creando vida.
Y donas la carne al mundo,
carne viva
abrigada de tus brazos,
y sufres sus dolores
mientras velas
sus caminos.
Nadie te devuelve
el gesto máximo.
Nadie compensa
tus amares,
tus desgarro
en vocación,
pues eres tierra
a surco abierto,
tierra y mar
de espumas a bocajarro,
y aire alado,
brisa y aliento,
esfera única
en giro lento.
No hay días
de madre,
sino madre
de los días,
paciente del olvido,
de la sal amarga
de despedidas
en andenes obligados.
Aun me impregnan
tus humores,
tus amores
y las yemas
de tus dedos
en mi pelo,
ya más ralo.
Sé bien
cuánto te duelo,
como en primera contracción,
dolor perenne
de carne propia,
desgajada a voluntad.




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